¡Los extraños hongos de Chernóbil que “comen” radiación!

En 1991, los científicos descubrieron un hongo llamado Cryptococcus neoformans en el complejo de Chernobyl que contiene grandes cantidades de melanina, un pigmento que se encuentra en la piel y la oscurece. Más tarde se descubrió que los hongos en realidad podían "comerse" la radiación. 

El desastre de la planta de energía nuclear de Chernobyl en 1986 dejó una cicatriz en la historia de la Tierra, pero en medio de la devastación, la naturaleza ha revelado un secreto notable. Los científicos han descubierto una hebra de hongos, conocida como Criptococo neoformans, dentro del complejo de Chernobyl que posee una extraordinaria capacidad para "comer" la radiación. Este hallazgo innovador ha despertado un gran interés y ha abierto nuevas posibilidades para la protección radiológica, particularmente en el contexto de los viajes espaciales.

Hongos de Chernóbil Cryptococcus neoformans
Hongos alimentados con radiación. Imagen de archivo / Uso justo

Cryptococcus neoformans: los hongos comedores de radiación de Chernobyl

Hongos de Chernóbil Cryptococcus neoformans
Esta microfotografía de una muestra teñida con tinta china clara reveló parte de la morfología ultraestructural exhibida por la levadura encapsulada, Cryptococcus neoformans, una de las causas de la infección conocida como criptococosis. Nota: la apariencia de un halo que rodea cada célula de levadura representa la cápsula observable. Dominio Público

Criptococo neoformans, un conocido microorganismo descrito a fines del siglo XIX, ha demostrado ser tanto una amenaza potencial como un sorprendente aliado para los humanos. La infección por este hongo, conocido como criptococosis, puede plantear riesgos graves para las personas con sistemas inmunológicos comprometidos. Sin embargo, estudios recientes han arrojado luz sobre su composición rica en melanina, que es la clave de sus propiedades de absorción de radiación.

Radiosíntesis: aprovechando el poder de la melanina

La melanina, un pigmento responsable del oscurecimiento de la piel, ha fascinado a los científicos durante mucho tiempo debido a su capacidad para absorber la radiación. En el caso de Criptococo neoformans, la melanina dentro de su estructura actúa como un escudo contra la radiación al convertirla en energía química. Este proceso único, que recuerda a la fotosíntesis en las plantas, se ha denominado "radiosíntesis". El descubrimiento de este mecanismo ha despertado entusiasmo entre los investigadores, particularmente en el campo de la exploración espacial.

“Si tienes un material que puede actuar como un escudo contra la radiación, no solo podría proteger a las personas y las estructuras en el espacio, sino que también tendría beneficios muy reales para las personas aquí en la Tierra”. — Radamés JB Cordero, investigador de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg

De Chernóbil al espacio: explorando el potencial de la melanina

Las posibles aplicaciones de Cryptococcus neoformans y sus propiedades para consumir radiación se extienden mucho más allá del lugar del desastre de Chernobyl. Los científicos de la NASA están investigando activamente la posibilidad de aprovechar la melanina de este hongo para desarrollar un protector solar rentable para los astronautas durante las misiones espaciales. En noviembre de 2019, la melanina derivada de Criptococo fue enviado a la Estación Espacial Internacional (ISS) por científicos de la Universidad Johns Hopkins para una mayor experimentación.

En la ISS, los investigadores someten la melanina de Cryptococcus neoformans a pruebas rigurosas para determinar su eficacia en la protección contra la radiación en el espacio. La radiación solar representa un peligro significativo para los astronautas durante las misiones de exploración del espacio profundo, ya que están expuestos a altos niveles de rayos cósmicos fuera de la magnetosfera protectora de la Tierra. El potencial de los hongos para proteger contra este bombardeo de radiación ha despertado esperanza y entusiasmo en la comunidad científica.

Los experimentos preliminares en la ISS han arrojado resultados prometedores. Una fina capa de Cryptococcus neoformans fue capaz de bloquear y absorber el dos por ciento de los rayos cósmicos encontrados por la ISS. Extrapolando estos datos, los investigadores especulan que una capa de 21 cm de estos hongos autorreplicantes podría proporcionar suficiente protección para los futuros viajeros espaciales.

“El mayor peligro para los humanos en las misiones de exploración del espacio profundo es la radiación. Para proteger a los astronautas que se aventuran más allá de la magnetosfera protectora de la Tierra y mantener una presencia permanente en la Luna y/o Marte, la protección avanzada contra la radiación pasiva es muy buscada”. — Extracto del estudio publicado en la revista BioRxiv

Escudo de radiación: ventajas únicas de la biotecnología

En la búsqueda de escudos de radiación innovadores, la biotecnología presenta varias ventajas únicas. La idoneidad de la biotecnología para la utilización de recursos in situ (ISRU), la autorregeneración y la adaptabilidad ha captado la atención de los investigadores. Materiales compuestos que incorporan Cryptococcus neoformans ofrecen una vía prometedora para una mayor protección contra la radiación al tiempo que reducen el peso total del equipo, una consideración crucial para futuras misiones a Marte y la exploración espacial sostenible.

“Debido a la naturaleza compleja de la radiación espacial, es probable que no exista una solución única para este problema, que se agrava aún más por las restricciones de masa. En la búsqueda de escudos de radiación innovadores, la biotecnología tiene ventajas únicas, como la idoneidad para la utilización de recursos in situ (ISRU), la autorregeneración y la adaptabilidad”. — Extracto del estudio publicado en la revista BioRxiv

Hongos de Chernóbil: un símbolo de resiliencia y adaptación

Hongos de Chernóbil
Imagen en tecnología HDR del Sarcófago en la Zona de Chernobyl. Wikimedia Commons

La presencia de los Cryptococcus neoformans y colonias de hongos relacionados que prosperan en medio de las ruinas de la planta de energía nuclear de Chernobyl es un testimonio de la resiliencia y adaptación de la naturaleza. Estos organismos han encontrado una manera de utilizar la energía de la radiación para su crecimiento, un fenómeno conocido como crecimiento “radiotrófico”. Su capacidad para sobrevivir y prosperar en un entorno tan extremo ha cautivado la atención y la curiosidad de científicos de todo el mundo.

Conclusión

El descubrimiento de hongos comedores de radiación dentro del complejo de Chernobyl ha puesto al descubierto un notable mecanismo de defensa natural contra los efectos nocivos de la radiación. Cryptococcus neoformans y su composición rica en melanina ofrece soluciones potenciales para la protección contra la radiación, no solo para los astronautas que se aventuran en el espacio, sino también para aplicaciones más cercanas a casa. La investigación y los experimentos en curso destinados a aprovechar el poder de este hongo prometen una exploración espacial más segura y resistente, así como avances en la tecnología de protección contra la radiación en la Tierra.

A medida que la humanidad continúa explorando los misterios del universo, los hongos de Chernobyl sirven como símbolo de la resiliencia y adaptabilidad de la vida frente a la adversidad. La naturaleza, al parecer, siempre encuentra una manera de sorprendernos e inspirarnos con sus extraordinarias soluciones a los desafíos que presenta nuestro mundo en constante cambio.


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